HISTORIA

UN POCO DE HISTORIA

En el año 1942, había terminado la Segunda Guerra Mundial. El mundo todavía se restañaba las  heridas en 1946. Los que siguieron fueron años de difícil reconstrucción, cuyo reflejo era palpable en todo el mundo. 

 

En Irapuato también se respiraba el ambiente de la posguerra. Eran años de reflexión y de poner manos a la obra. Quizá haya sido entre 1946 y 1948, cuando surgió de una platica, una idea cuya luz aun inunda muchas vidas. Recoger los trozos de la historia y pegarlos en un mosaico que tome forma es algo difícil.

 

Pero no ha sido imposible porque la historia del relato es una obra que hoy palpita con el vigor de su CUARENTA AÑOS. Y apunta a vivir por muchos más. La primera idea para hacer este trabajo arrancó cuando nos enteramos del 40 aniversario de la fundación del Colegio.

 

Reconstruir los inicios del Pedro Martínez Vázquez no hubiera sido posible sin la valiosa ayuda de Toño, Ramón y Tito Cortés, Fernando Bravo, Eugenio Albo Moreno, Armando Cabría. Hubo que recurrir a muchas personas que nos nutrieron de datos y anécdotas para revivir el relato.

Así, uniendo una tras otra, como en un enorme rompecabezas, ha surgido la historia del Colegio Pedro Martínez Vázquez.

Quizá esta idea haya nacido en una tertulia y se apoyaba en una Ley que emitió el gobierno del entonces presidente, Ávila Camacho, que ofrecía ayuda a particulares para fundar y construir escuelas.

¿QUIÉNES Y CÓMO?

El propósito de construir un colegio atendido por hermanos Maristas surgió en Don Evaristo cortés, Don Pedro Vargas Covarrubias, Don Francisco Trujillo, Don Isauro Torres y el Sr. Cura Patricio Arroyo.


Como no existen testimonios escritos sino solo verbales, es posible que estos personajes se hayan reunido muchas veces y madurado e ido perfeccionando su intención.

Todos ellos eran ex alumnos Maristas y conocían la rigidez y calidad de la enseñanza de aquella orden religiosa, que tanto prestigio había conquistado en otros puntos del país y aquí en Irapuato donde estuvieron de 1903 a 1914 aproximadamente, como Instituto Guadalupano.

El grupo de entusiastas irapuatenses era presidido por don Francisco Trujillo. De una idea iban a otra pero el objetivo común: construir un Colegio dirigido por maristas, se mantenía inalterable.


Iniciaron junta tras junta para reunir dinero que al principio era bien poco. Nadie creía en el proyecto pero al final reunieron una cierta cantidad y compraron la Ex Hacienda de Colón, allá por el sur apartado de la ciudad, a un lado del puente de Guadalupe. Ya tenían la ex hacienda y la idea, pero no era suficiente. Ante los hechos, más gente se fue sumando al proyecto porque vieron que era algo realizable.

 
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Irapuato, cabe decir, no tenía escuelas particulares como la que se pretendía construir. El colegio, desde su misma idea era algo grandioso y perdurable. Lo soñaron hombres idealistas y tenaces; hombres que no se derrotaron fácilmente.

Conforme fueron avanzado el proyecto, se sumaron más personas altruistas y con buenas ideas. Así se integraron al grupo Don Pedro y Don Sebastián Martínez Vázquez. Ellos dijeron que no veían mucho futuro al crecimiento de Irapuato hacia el sur, que era preferible pensar en el norte de la ciudad, pero para eso había que deshacerse de la Ex Hacienda de Colón, y para eso no hubo muchos problemas: el Sr. Cura Arroyo la compró para establecer ahí una orden religiosa.

Hoy, funciona en ese mismo lugar la Casa de Colón, casa principal de la orden religiosa “Corde Jesu”.

Con el dinero obtenido por la venta de la ex hacienda, cuyo monto no ha sido posible averiguar, se hizo una compra al norte de la ciudad. Se trataba de 10 hectáreas de terrenos baldíos, propiedad de las señoritas Acosta.

Tenía ya la sociedad un terreno donde empezar a hacer realidad los largos y acariciados sueños de un Colegio Marista. Cabe mencionar que en aquel entonces, Irapuato no llegaba ni con mucho a lo que es ahora el Monumento a la Bandera.

Las espléndidas 10 hectáreas de terreno que se compraron estaban listas para empezar la obra.

PIDEN AYUDA AL GOBIERNO

Con terreno, un poco de dinero, muchas ideas y la fe inquebrantable en su proyecto, los fundadores pusieron manos a la obra. Afianzados en la citada Ley de Ávila Camacho, acudieron con el gobernador del Estado Don Ernesto Hidalgo para que los apoyara para construir el colegio.

Y el gobierno acogió de buen agrado la idea. El gobernador les pidió el dinero que tenían reunido y el terreno; les ofreció otra parte igual. Así que el gobierno haría la obra, y una vez terminada, les regresaría el inmueble listo para ocuparse. El comité organizador no cabía en si de gozo, no podía haber hallado mejor respuesta a sus sueños.

 

INICIAN LOS TRABAJOS LLEGA DON EVERARDO

Cuando hubo quedado resuelto todo el trámite y papeleo para que se iniciara la obra, el gobierno hizo la cimentación y la hizo tan bien que quedaron en los patios lo cimientos de lo que iba a ser el internado.

Para levantar los muros de la escuela, Don Everardo Hernández se sumó al grupo y se comprometió, aunque no era profesional de la construcción, a levantar el edificio.

Y como lo prometió lo hizo, Don Everardo, quien años después sería Presidente Municipal de Irapuato, hizo de verdad hermosas paredes, construyó los salones que hoy en día siguen erguidos retando al tiempo.

En esa época Don Melchor Cayón, trabajó incesantemente en favor del Colegio, su obra fue meritoria. Para eso, ya estaban integrados al grupo fundador personajes como Don Pedro Cabria, Don Melchor Cayón, Don Pedro Rodríguez,  el Gral. Alberto Bello Santana, El Lic. Guillermo Albo Vivanco, y muchos más cuyo recuerdo no ha muerto, pero está cubierto por polvo de los años.

Una obra tan importante necesitaba dinero. Se vendieron acciones del colegio, pero las necesidades crecían y no había forma de solucionar las carencias.

LLEGAN 50 MIL DE «AQUELLOS«

Cuando la sociedad avanzaba en medio de una gran crisis, llegó la tablita salvadora.

Sucede que con anterioridad, había fallecido en un accidente de aviación Don Pedro Martínez Vázquez. Y su hermano Sebastián ofreció donar 50,000.00 pesos para que la obra no se fuera a paralizar, solo con la condición de que el colegio se llamara Pedro Martínez Vázquez.

Cincuenta mil pesos en los albores de los 50´s significaban mucho, sin pensarlo los socios de la Constructora Irapuato aceptaron y la obra volvió por sus fueros.

Rápidamente el colegio Pedro Martínez Vázquez cobraba vida. La calle Cedro, donde actualmente se ubica el plantel, seguía llenándose de lodo cuando llovía, pero la obra iba creciendo.

Primero tres salones, la dirección, el hall de actos, los cimientos del internado que nunca se realizó, otros salones en obra negra, la planta alta, la famosa T del edificio con añadidos y otras instalaciones.

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LLEGAN LOS MARISTAS

No obstante el sueño dorado de los iniciadores era que el nuevo colegio, quedara bajo la tutela de los Maristas, éstos no habían mostrado ningún interés en venir a Irapuato. Cuando ya se tenía el 80% del avance de la obra, hablaron de nueva cuenta con ellos, no querían venir.

Entonces, el Cura Patricio Arroyo movió sus influencias en el arzobispado y consiguió una entrevista para que un alto funcionario eclesiástico viniera a Irapuato a ver la obra. La obra no solo gustó sino que cautivó a ese anónimo funcionario eclesiástico, quien hizo lo conveniente para convencer a los Maristas a que pusieran sus ojos en Irapuato y vinieran a conocer la obra que estaba por terminarse.

Fue el Hermano Leoncio V. Lorenzo, entonces alto dirigente de los Maristas, quien vino a Irapuato a ver, por fin, el nuevo colegio. Igual que el funcionario se encantó del proyecto, se convenció y dispuso lo conducente para que la educación que se impartiera en el Colegio Pedro Martínez Vázquez fuera marista.

Irapuato en tanto, mantenía el vigor de su crecimiento, sin embargo el Colegio seguía quedando en las orillas Norte del pueblo y su acceso, era más que difícil sobre todo en época de lluvias.

INICIA LABORES EL LUNES 4 DE FEBRERO DE 1952.

El colegio Pedro Martínez Vázquez inició actividades el primer lunes de febrero de 1952.

Ese día fue  4 de Febrero y las actividades formales dieron inicio el 6 de febrero. En este año de inicio solo tenían cuatro grupos,  2do, 3ro, 4to y 5to, no sería hasta 1953 cuando estaría completa toda la primaria. En aquel inolvidable primer día de clases José Luis López se hizo cargo de 2do. Año, Fernando Camargo de 3ro, Alfonso Méndez de 4to. Y Miguel Gutiérrez de 5to. Grado.

Todos los alumnos provenían de familias preocupadas porque sus hijos tuviesen la mejor educación.

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A lo largo de la historia de este Colegio habrían castigados, muchos tablazos, muchos triunfos lectivos y deportivos y muchos horizontes por descubrir.

Unos nos relatan que el profesor José Luis López no llegó desde el principio sino dos meses después. Otros recuerdan al profesor Pablo Linares, quien se sumaría al plantel magisterial a tres años de fundado, como maestro de música y era quien tocaba el piano. Era el músico.

Otros más recuerdan al profesor Kuri, a Flores, a Salvador Varela que llegó al segundo año. Todos aquéllos iniciadores fueron reconocidos forjadores de generaciones de niños y jóvenes irapuatenses.

Cuando el Pedro Martínez pudo tener secundaria, llegaron al plantel maestros que no eran Maristas.

La Secundaria del Pedro Martínez se abrió en el año 1956. Incluso en 1955 muchos alumnos por decisión de sus padres, repitieron el 6to. Grado para esperar a que en 1956 ingresaran a secundaria en el mismo plantel.

Con el inicio de Secundaria llegó el profesor Jesús Berjon. El Colegio ya estaba enfilado, dentro de sus normales problemas a convertirse a uno de los de mayor tradición y prestigio de Irapuato.

Generación tras generación irían surgiendo de aquella inagotable cantera de educandos .

Contenido: El Sol de Irapuato, publicado durante la semana del 27 de enero al 5 de febrero de 1992, 40 aniversario del Colegio

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